Musica de la Legión
El Novio de la Muerte

Fidel Prado, escribió la partitura de un "cuplé", cuya letra entrego al compositor catalán Juan Costa, que le puso música.
En Málaga la dio a conocer, en el teatro Vital Aza, una famosa cupletista llamada “Lola Montes” con un extraordinario éxito.
En una de las funciones de la compañía "Lola Montes", se hallaba presente la duquesa de la Victoria, que dirigía los hospitales de la Cruz Roja en Marruecos. Al terminar el espectáculo, la ilustre dama se dirigió a canzonetista y le dijo: "mira, Lola, esto tienes que cantarlo en Melilla. El general Silvestre está llevando a cabo una ofensiva en aquel territorio que puede acabar con la guerra. Tú, con este cuplé, tan bonito, tan dramático, tan patriótico, puedes contribuir, en gran medida, a algo tan importante como es elevar la moral de la población. ¡Te voy a recomendar para que actúes, como fin de fiesta, en la compañía de Valeriano León, que se presentara allí dentro de unos días... " y así lo hizo, con lo que "Lola Montes" marcharía a Melilla con la compañía del gran cómico, actuando como "fin de fiesta", modalidad muy en
boga.

Esta cupletista vivió en la plaza los angustiosos días de julio de 1921,en los que se esperaba el asalto a la ciudad por las cábilas victoriosas de Annual, que se habían detenido para saquear las poblaciones inmediatas a Melilla.
El teniente coronel Millán-Astray, jefe del Tercio, vio en el título de Prado y Costa, por la fuerza emocional que encerraba la letra, un valioso canto legionario, que se interpretaría, desde entonces, al ritmo de marcha.
Mas tarde en 1952, el director músico de la música del Tercio, Ángel García Ruiz, tuvo la idea de adaptar el ritmo de la obra al paso procesional de los desfiles de la Semana Santa de Ceuta, de esta manera cobraron letra y música su más expresiva dimensión dramática, convirtiéndose en un canto solemne para honrar a los “Muertos de La Legión”.


La Canción del Legionario

Emilio Guillén Pedemonti, compuso unos preciosos versos que hizo llegar al Tte. Coronel Millán.
El Jefe del Tercio, hombre de finísima intuición y gran sentido artístico, supo en seguida que aquellos versos podían dar lugar a otra buena canción legionaria. Con este propósito se los entregó a un amigo compositor, Modesto Romero.
Romero se identificó inmediatamente con el texto de Guillén Pedemonti y, en pocos días creó la partitura, que dio a conocer al Jefe del Tercio -se encontraba entonces en Madrid, curándose de una herida sufrida en la toma de Nador, el 17 de septiembre -y a un grupo de cuatro o cinco amigos, entre ellos González Tablas, también herido y convaleciente, como él, en el hospital de San José y Santa Adela. La “Canción del Legionario”, que así se denominaría la obra, gustó tanto al reducido auditorio, que Romero se vio obligado a interpretarla varias veces.

Incorporada enseguida al repertorio legionario, la canción sería elevada, años más tarde, al rango de Himno Oficial del Cuerpo.