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Franco
De Lugarteniente a Jefe

   En otoño de 1918 es cuando Franco asiste a un curso para Jefes de Infantería, que tiene lugar en Valdemoro, y coincide allí con Millán Astray (30 de septiembre), con quien el destino va a unir en una fabulosa empresa común: la Legión. Dos años más tarde, Millán Astray funda el llamado Tercio de Extranjeros y ofrece al Comandante Franco el puesto de lugarteniente.
   Llega a Oviedo el telegrama cuando Franco iniciaba los preparativos de su boda. Acepta en el acto y la boda se aplaza. La legión le llama. A los pocos días se reúne en Ceuta con Millán Astray. Con gran entusiasmo ponen manos a la obra. Se complementan bien Millán y Franco. El primero es, además de un gran militar, un romántico apasionado de elocuencia fulminante y valor paroxístico. El segundo, un organizador metódico, un estudioso que concede a su sereno valor, tan probado, un puesto secundario entre las virtudes que deben caracterizar al jefe militar. Ya están allí los primeros voluntarios de la Legión. Son hombres duros, heridos antes por la Vida quién sabe cómo y en qué nación. Millán Astray les habla fuerte y claro: “Habéis llegado aquí para morir. Al dejar atrás el Estrecho habéis perdido nombre, historia y familia. Aún es tiempo para renunciar. Bastará con que digáis al médico que os duele la garganta”.
Pero a ninguno de aquellos hombres, legionarios ya del ¡Viva la Muerte! les duele la garganta ni les dolerá nunca. Con las tres primeras compañías se forma la Primera Bandera de la Legión, que va a mandar Franco a sus 27 años. Durante seis meses, aquellos hombres se entrenan férrea y disciplinadamente para el ejercicio de combatir. Franco exige mucho, pero sabe dar a sus legionarios nuevos edificios, talleres, servicios de agua, luz y alcantarillado, escuelas, locales de recreo, granja agrícola, criaderos de reses que proporcionarán a la Legión alimentos de calidad y hasta beneficios económicos para continuar las mejoras. Una auténtica obra de gobierno.

   Ahora ya es tiempo de que la Legión demuestre combatiendo la calidad del temple que le han dado sus jefes. En las conquistas de Xauen, Benilai y Bujarraz tendrán el honor de recoger sus primeros caídos y de ganarse, ya para siempre, el puesto preferente en la vanguardia.
El desastre de Annual
   En julio de 1921, el volcán africano acusa violentamente su actividad soterrada, abriendo su más trágico cráter: Annual.
   Los cabileños de Beni-Urriaguel, levantados por el cabecilla Abd-el-Krim, se lanzan furiosamente sobre las tropas del General Fernández Silvestre, que en los últimos meses han penetrado profundamente en territorio rifeño. Las noticias que llegan son desoladoras; las cifras de muertos y desaparecidos sobrecogen. El General Fernández Silvestre para unos ha muerto en combate, otros afirman que se ha suicidado. No es posible entender por qué se ha producido tal desastre. En muy pocas jornadas, los harqueños de Abd-el-Krim han operado un increíble avance.

Melilla está en peligro y el pánico cunde entre la población civil. Se hace necesario el envío urgente de refuerzos desde otros puntos del Protectorado y desde la Península. La Bandera de Franco, que opera en el sector opuesto, en Larache, es requerida apremiantemente. En jornadas extenuantes, caminando día y noche sin saber bien qué ocurre pero intuyendo la tragedia, los legionarios de Franco, sin concederse un respiro, llegan a Ceuta

y embarcan en el Ciudad de Cádiz rumbo a Melilla. Llevan dos noches sin dormir y han recorrido cien kilómetros en día y medio.

   A su llegada a Melilla, los legionarios han tirado por la borda su fatiga y desembarcan formados y cantando con su Comandante al frente. Y cuando con las improvisadas notas de “La Madelón” desfilan alegres por las calles, la zozobra de aquellas gentes se serena como por encanto y señalan al sonriente jefe que los precede: “Es Franco... mírale”. Y la aureola de salvador que irradia de su figura opera el milagro de contagiar la fe y garantizar la empresa.
   Y del barco al combate sin tomar un respiro. Bajo el terrible sol de agosto, nuestros soldados de todas las armas avanzan y mueren, fortifican y mueren, Millán Astray cae gravemente herido junto a Franco cuando le está dando órdenes, y éste, con 28 años, se hace cargo del mando de la Legión.
   Son rescatados para las banderas de España, que combaten bajo el mando supremo de los Generales Sanjurjo y Berenguer, Tahuima, Segangan, el Gurugú, Zelúan y Monte Arruit y en todas partes aparecen a centenares los destrozados e insepultos cadáveres de sus defensores.
   El desastre de Annual ha hecho reaccionar por fin a la Nación española, que acusa vivamente el golpe de dos formas opuestas: la de los que ven en el ejército de África la encarnación sublime del mejor patriotismo y los que, emparentados con la agitación revolucionaria latente en la Península, han encontrado un buen bocado en el desastre y atacan al Ejército.
   En el Parlamento se abre el proceso de responsabilidades y se acuerda la limitación de la Campaña de África y la repatriación de tropas. Franco se duele, como todos sus compañeros, de la vacilante posición del Gobierno ante Marruecos, que tan mal se corresponde con el espíritu de los que allí se juegan la vida cada hora. Pero su pacto de entrega está por encima de lo político y sigue firme en su puesto de jefe accidental de la Legión, cooperando activamente a recuperar lo perdido.
   Por su comportamiento personal en el asalto y conquista de Dar-Drius, se le concede la Medalla Militar Individual, que le es impuesta en el mismo campo de lucha, al tiempo que al Teniente Coronel Núñez de Prado.
  Este año publica un libro titulado ”Diario de una Bandera”.

   En 1923, el Teniente Coronel Valenzuela sustituye a Millán Astray en el mando de la Legión, y a Franco, después de dos años y medio de campaña continuada, le asignan el destino a su antiguo Regimiento del Príncipe, en Oviedo.
   Parece que le ha llegado el tiempo de tomar un merecido descanso, pero la heroica muerte del Teniente Coronel Valenzuela, cuyo cadáver es llevado hasta Zaragoza por sus legionarios, deja a la Legión sin jefe y desde el Rey Alfonso XIII hasta el último soldado señalan a Franco como sucesor.
   Para que pueda tomar el mando de Jefe de la Legión, y pese a su juventud, es ascendido a Teniente Coronel el 8 de junio y, por segunda vez, se ve obligado a aplazar su boda.
Tras un homenaje en Madrid, donde es nombrado por Alfonso XIII Gentil Hombre de Cámara,toma el mando de la Legión en Ceuta,a los diez de

su ascenso y a los tres meses de haber dejado África.

   El nuevo Teniente Coronel inicia las operaciones al mando de una Legión que ha redoblado su entusiasmo al verse dirigida de nuevo por su ídolo. Su leyenda de invulnerable, su competencia estudiosa para el combate, el valor que contagia y el riguroso cuidado en el arte de ahorrar las vidas de sus soldados, han hecho de él un jefe querido y deseado. Su eficiencia y aureola es tal, que decir Franco es decir victoria.
   La posición de Tifaruin, enclave vital para nuestra estrategia, está sitiada desde hace muchos días. Sus defensores, mandados por el Alférez de Ingenieros Topete, carecen de víveres y municiones. Por su heliógrafo han comunicado que es imposible prolongar la defensa ni un día más. Pero un avión vuela sobre ellos y les deja caer un mensaje:
   "Topete, eres un flamenco. Tened un poco de paciencia que vamos por vosotros. Señaladnos con lienzos blancos de dónde os tiran más para echarles todo lo que se pueda. Ya ha llegado Franco de Tetuán. Que tengáis todos mucha suerte".
   El heliógrafo de Tifaruin contesta: “Si viene Franco, resistiremos. ¡Viva España ¡”
    Y Franco llega y salva.
   Mientras tanto, en la Península la descomposición política española provoca que el 13 de septiembre de 1923, el General Primo de Rivera, Capitán General de Cataluña, da un golpe de estado en Barcelona y proclama la Dictadura Militar, que es recibida en España entera con entusiasmo y aceptada por el Rey. De la mano del General, va a vivir España seis años de paz interna y de resurgimiento económico.
   Ese mismo año de 1923, en la iglesia de San Juan, de Oviedo, el Teniente Coronel Francisco Franco se casa con la señorita Carmen Polo y Martínez-Valdés. Es apadrinado por el Rey, que delega su representación en el General Losada. Una revista titulaba la noticia con una anticipada exactitud: “La boda de un caudillo heroico”.
   Su boda ha sido un breve paréntesis de su presencia en África, a la que regresa en las ultimas semanas del año y en donde su nombre va a seguir acumulando prestigio.   En febrero de 1925, por méritos en campaña, es ascendido a Coronel. Tiene 32 años y una vez más se repite la constante de ser el más joven en este cargo.
 
  De la estimación y aureola popular adquirida por Franco en toda la nación, da buena muestra esta expresiva carta que el Rey le envía con motivo de su ascenso y que él conservará entre sus más apreciados recuerdos:
   “Querido Franco:
   Al visitar el Pilar de Zaragoza y oír un responso ante la tumba del Jefe del Tercio, Rafael Valenzuela, muerto gloriosamente al frente de sus banderas, mis oraciones y mis recuerdos fueron para vosotros todos. La hermosa historia que con vuestras vidas y sangre estáis escribiendo es un ejemplo constante de lo que pueden hacer los hombres que lo cifran todo en el cumplimiento del deber. Toqué al Pilar esta medalla que te ruego uses, que Ella, tan militar y tan española, te protegerá seguramente. Mis felicitaciones y gracias por toda tu actuación y ya sabes lo mucho que te quiere y aprecia tu Afmo. amigo que te abraza.
Alfonso XIII
Madrid, 1 de mayo de 1925”


El desembarco de Alhucemas

El año 1925 llegó cargado de esperanzas. Era general la convicción de que pronto habían de suceder cosas que influirían sobre la raíz misma de nuestros problemas marroquíes. No es que existiera pacto concreto entre Primo de Rivera y Franco en cuanto a las operaciones venideras, porque nunca hay pacto entre un general en jefe y un teniente coronel con mando de columna; pero se puede asegurar que después del banquete de Bentied y, sobre todo, después de la casi sobrehumana demostración de eficacia y de valor dada por las tropas al mando de Franco en el curso de la liberación de Xaunen y de la retirada de las guarniciones instaladas en el interior del territorio, el jefe del Gobierno pensó seriamente en poner en marcha los planes que los Regulares y la Legión aguardaban. No olvidaba el general que el jefe del Tercio había sido terminante al proclamar el definitivo valor estratégico de Alhucemas y afirmar que la conquista de Axdir, residencia de Abd-el-Krim, verdadera capital política de la rebelión, traería consigo la ocupación total del Rif y con ella la paz victoriosa. A partir, pues, de la terminación de la retirada sobre la costa, todo se encaminó a preparar el desembarco del Ejército de España en las playas de Alhucemas.
Los últimos seis años de su actividad militar en África daban un promedio de ocho grandes combates librados cada año; ocho combates muy empeñados y violentos en que iba jugada toda una situación. Primo de Rivera comentó: "Es el que ha luchado más y con más perseverancia y capacidad en Marruecos". Ya se había solicitado para el nuevo coronel una segunda Medalla Militar individual.
  El 5 de septiembre, Franco jefe de la columna que había de lanzarse la primera sobre las playas enemigas embarcó en el mercante "Jaime II", de la Transmediterránea, y desde el mar reconoció el terreno, observó las ventajas y desventajas de cada uno de los sectores de la costa y dio un último repaso práctico a las instrucciones que el mando superior le había comunicado.   Llegado el momento, partió al frente de 5.000 hombres.
    Frente a las costas marítimas del Rif estaba el grueso de la flota de guerra, y en el acorazado "Alfonso XIII" había instalado su puesto de mando el general Primo de Rivera, actuando como generalísimo. Junto a Primo de Rivera se encontraba el mariscal Petain, representante y responsable de alas actuaciones de la participación francesa; porque Abd-el-krim había cometido el error de atacar varias posiciones del Protectorado francés, intentando abrirse camino hacia la ciudad de Tazaa; y esto movió a Francia a apoyar resueltamente los planes militares de España, oponiendo así al cabecilla del Rif y al levantamiento de las cabilas un frente unido de dos voluntades -española y francesa- de lucha y de paz. Esto explicaba la presencia en aguas de Alhucemas de varios buques de la Escuadra de Francia colaborando con las naves españolas.
  Franco narra con emocionado detalle los preparativos inmediatos del lanzamiento de las primeras Secciones de Infantería sobre la playa de la Cebadilla. A las diez horas de la mañana del 8 de septiembre avanzaron las barcazas especiales, cargadas de tropas y de material; y desde ellas saltaron a tierra la Legión, las jarkas amigas, las mejalas, los Regulares, los primeros carros ligeros, las secciones de ametralladoras. No se ha consumido la luz de la primera jornada y ya están en tierra rifeña los 5.000 hombres. La operación ha sido relativamente fácil. Las bajas, pequeñas en número. Las dificultades vinieron más de las corrientes marinas que del fuego enemigo. Pero no cabía hacerse demasiadas ilusiones.
  Sobre la derecha del sector de desembarco se alzaba el monte Malmusi. Había que asegurar bien la cabeza de playa, fortificarla adecuadamente contra cualquier sorpresa, es decir, ponerla en condiciones de plena seguridad, no sólo frente a una posible intentona de los rifeños rebeldes, sino frente a contingencias marítimas que pudieran interrumpir ocasionalmente el resto del desembarco, con lo cual querían las fuerzas  desembarcadas en situación de tener que valerse por sí mismas. Fue, pues, considerable el acopio de víveres y de municiones. Se adoptaron desde el primer momento las medidas convenientes para que, cuando se diera la orden de seguir la marcha hacia el interior, pudiera la columna de vanguardia vencer, sin ningún género de dudas, la resistencia enemiga, que habría de ser muy tenaz.

  El 23 de septiembre fue asaltado el monte Malmusi. El 30 conquistó Franco el "Monte de las Palomas", mediante un ataque a la bayoneta. Con la caída de esta segunda posición, el enemigo perdió lo mejor de su sistema defensivo. Quedó abierto el camino hacia Axdir, a donde se llegó el 2 de octubre. En la toma del "Monte de las Palomas" cayó gravemente herido el comandante Muñoz Grandes, jefe de una formación indígena.   Quedaba, pues, confirmado, o en franca vía de confirmación, el pronóstico de Franco. El dominio de Alhucemas era un hecho, y la ocupación de la totalidad del Rif, una perspectiva cierta. Abd-el-Krim se hallaba inevitablemente derrotado.

Tanto fue así que el jefe del alzamiento cabileño, convencido de la imposibilidad de continuar la lucha, pasó a la zona vecina y allí se constituyó prisionero de las autoridades del Protectorado francés.

En adelante, sólo se trataría de ir ocupando metódicamente las cabilas hasta entonces inaccesibles; el Rif, Gomara, las tierras fronterizas, los últimos picos de Beni Aros, Xauen de nuevo: todo el territorio, en fin, que los Tratados habían entregado a la protección española. La solución venía impuesta por la mentalidad de los jefes y oficiales que pedían operaciones y métodos acordes con la responsabilidad militar contraída por nuestro Ejército. Esa mentalidad era la de una generación joven; y al frente de ella aparecía el general Franco, con sus treinta y uno o treinta y dos años, y una hoja de servicios calificable de "única" por los hechos que recogía y por lo que representaba como revelación de una personalidad.
   El 5 de diciembre, terminados los trabajos de instalación y de fortificación de las tierras conquistadas, Franco salió con dirección a Ceuta. El general Saro, jefe de la División a que pertenecía la columna del desembarco, inicial, escribió:
«Debo hacer mención del coronel Franco que, con su actuación brillantísima, confirmó, una vez más, el concepto que todos, sin excepción, tienen de su competencia, pericia, valor y serenidad, y de las excepcionales, cualidades que hacen de él un jefe digno de todas las alabanzas».
            Por Real Decreto de 3 de febrero de 1926 ascendió Franco al empleo de general de Brigada, con antigüedad de 31 de enero del mismo año. Acabada de cumplir treinta y tres años. Volvamos a decirlo, como en los casos de los ascensos anteriores: el más joven de los generales. En siete años de campaña había pasado de teniente a general. Y se había hecho acreedor a dos Medallas Militares individuales. Sus colaboradores inmediatos dirán que fue injusto negarle la Laureada, tras el combate del Biutz.